El fallo lo dio el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), al señalar que el nombre de
Farmacias del Ahorro de Belisario Domínguez tiene un "uso anterior" al de las Farmacias del Ahorro
de los Castañón, que empezaron a funcionar a principios de los 90, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.
Por tal motivo, el IMPI determinó que es procedente declarar la cesación del nombre comercial de la
cadena farmacéutica de los Castañón, que actualmente tiene 356 sucursales en todo el País. Y que, de
acuerdo con la Ley de la Propiedad Industrial, la familia Domínguez debe ser indemnizada con por lo
menos el 40 por ciento de las ventas que hayan hecho las farmacias de los Castañón.
"Aquí funcionó la consigna de que quien es primero en tiempo es también primero en derecho", dice
don Belisario, un hombre de 72 años, con un bigote entrecano bien recortado.
Cuenta que, al igual que su tío abuelo, el médico y Senador Belisario Domínguez, quien era dueño de
una botica en Comitán llamada La Fraternidad, él también decidió abrir una pequeña farmacia para
atender a los pobres de la región.
"Me decidí a hacerlo en la Semana Santa de 1988, mientras viajaba en automóvil con mi esposa y mi
hijo. Acordamos que en eso invertiríamos nuestros pocos ahorros. La farmacia también me serviría
para sostenerme en mi vejez. Empezamos a buscarle nombre. ¿La popular? ¿la económica? ¿la del
ahorro? Nos decidimos por este último, sin imaginarnos que nos llevaría a una lucha legal contra un
monstruo farmacéutico de dimensiones nacionales".
Revela que jamás tuvo la intención de enfrentarse con la tuxtleca familia Castañón, cuando ésta
empezó a manejar su emporio en la capital chiapaneca, durante el Gobierno salinista.
"En 1992 nos enteramos que la familia Castañón había abierto una, y luego otra y otra farmacia en
Tuxtla, a las que también les estaban llamando Farmacias del Ahorro. No nos importó. Los
establecimientos de los Castañón crecieron desmesuradamente, como un virus, absorbiendo a otras
antiguas farmacias chiapanecas, hasta que se convirtieron en toda una cadena en el Estado y luego
en el País".
Entrevistado en su vieja casa de Comitán, a don Belisario lo acompaña su hijo Víctor, quien prosigue
con el relato: "Un día, en el 2000, llegaron a vernos unos ejecutivos de la empresa de los Castañón,
que se llama Comercializadora Farmacéutica de Chiapas. Nos dijeron que le quitáramos el nombre a
nuestras farmacias, que ese nombre ya lo tenían las suyas, que nos iban a demandar si no lo hacíamos,
que lo mejor sería que desapareciéramos. Así comenzó la lucha legal, una lucha de David contra Goliat.
Lo que hicimos fue solamente defendernos".
De esta manera, las dos antiguas familias chiapanecas se enfrascaron en una sorda disputa.
Refiere Víctor que los Castañón, al ver que perderían la lucha, se acercaron a él para hacerle un
ofrecimiento.
"Me enviaron un emisario. Me reuní con él en un restaurante de Tuxtla. Ahí, a cambio de que
desistiéramos, me ofreció dos franquicias de sus Farmacias del Ahorro, cada una de ellas fluctúa en
alrededor de un millón de pesos. Yo me negué. Muy alterado me respondió: 'pues a partir de ahora
seremos enemigos mortales'".
Su abogado, Ricardo Terán González, indica que todos estos desplantes resultan inútiles, puesto que los
Castañón ya no tienen ninguna salida legal, sólo les queda quitarle el nombre a sus farmacias e
indemnizar a la familia Domínguez por daños y perjuicios.
Terán González muestra el artículo 221 bis de la Ley de la Propiedad Industrial, que dice textualmente:
"La reparación del daño material o la indemnización de daños y perjuicios por la violación de los
derechos que confiere esta Ley, en ningún caso será inferior al 40 por ciento del precio de venta al
público de cada producto...".
-¿Y cuál es actualmente la actitud de Comercializadora de Chiapas?
-Le importa un cacahuate el que la ley nos haya dado la razón.
Señala que los Castañón sufrirán también grandes pérdidas por el solo hecho de cambiarle el nombre
a sus establecimientos.
"Todo su sistema operativo, administrativo y comercial gira alrededor del nombre Farmacias del
Ahorro, ¡todo! hasta los formatos. Por si fuera poco", dice, "los Castañón ya están vendiendo
franquicias con esa misma denominación. Actualmente han vendido 50, cada una cuesta más de un
millón de pesos. Lo peor es que no son honestos con sus franquiciatarios, pues no les están advirtiendo
que perderán sus inversiones debido a este broncón que ya tienen perdido".
|